lunes, 22 de octubre de 2018

La biblioteca escolar, un centro de recursos.





Día de las bibliotecas (24 de octubre)

OBJETIVO DE LA JORNADA:  Conocer, valorar y promocionar el bien colectivo de las bibliotecas para el adecuado uso de las mismas como riqueza cultural, instrumento de intercambio de saberes y también de encuentro formativo interpersonal.
La biblioteca de mi pueblo.

Teníamos un maestro para todo el pueblo y a la escuela íbamos mayores y pequeños. El maestro se las ingeniaba para lograr que cada alumno/a adquiriese la cultura y formación necesaria para que ya cumplidos los 14 años pudiera presentarse a unos exámenes que le diesen como fruto el “Certificado de Estudios Primarios” (aquéllos que suspendieran recibirían el “Certificado de Escolaridad”).

Todos los sábados organizaba salidas, excursiones a pie, por supuesto (allí no había guagua escolar ni dinero para pagarla) y nos llevaba a unos espacios u otros dependiendo de la actividad y vida natural, social, económica, productiva, etc… del municipio. En esas excursiones nos mostraba muchos de los conocimientos que habíamos trabajado en la escuela durante la semana dándonos a conocer la aplicación práctica que la gente realizaba de lo que nosotros aprendíamos a través del “libro de memoria” (era un solo libro en el que estaban todos los saberes, esto para los mayores; los pequeños estaban con las "cartillas").

No había internet, por supuesto, ni ordenadores y tantas tecnologías como hoy tenemos,… Aquel maestro tampoco tenía que cumplimentar programaciones kilométricas, ni informes, ni adaptaciones curriculares, ni estar constantemente evaluando con rúbricas ni criterios de calificación, ni… tanta y tanta montaña de cosas que hoy para algunos es tan “esencial”,… pero aquel hombre nos enseñaba para la vida, nos enseñaba a ser personas, a interactuar aprovechando nuestros saberes con nuestro mundo real,… y nadie quedaba dejado de su mano pues hasta lo que hoy entendemos que es cosa de los “trabajadores sociales”, “educadores sociales”, “psicólogos”, “educadores familiares”, etc… lo asumía él de manera natural: no había hogar del pueblo donde él no hubiera estado varias veces al año para conocer, dialogar, compartir impresiones, escuchar,… acerca de su alumnado (siempre era sobre nosotros); hoy nuestro modo de funcionar no se lo permitiría, lo hemos burrocratizado (perdón, es “burocratizado” todo hasta el extremo y seguimos aumentando más todavía esa burocracia).

Un día en que íbamos a salir de excursión ya preparados en la escuela (quedábamos allí) para hacer una visita a un campo en el que iban a abonar un campo con estiércol los nubarrones con que el día amaneció empezaron a descargar y de lo lindo. Estuvimos dentro de la escuelita durante casi dos horas: la trompa de agua parecía no querer cesar. Durante ese tiempo jugamos a las cartas, a las adivinanzas, al ajedrez con tableros y fichas que habíamos hecho como trabajo manual años atrás,… pero echábamos de menos –algunos sobre todo- libros para leer tranquilamente como los que teníamos en casa.

Hablamos con el maestro sobre eso, le pedíamos que nos trajera libros de su casa (imaginábamos que como sabía tanto de tantas cosas… seguro que él tendría en su casa montañas de libros) y el nos contestó:
- “Mis libros no son muchos, son muy poquitos pero además son para mayores. Mejor utilizar los de ustedes. Les propongo que el lunes se traiga cada uno de su casa un libro, sólo uno, y formamos en la escuela una biblioteca y así… cuando nos pille una tormenta como la de hoy… además de los juegos… tenemos esto ¿qué les parece?”.

Y así fue como nació nuestra “Biblioteca Escolar”.
Cada uno trajo de su casa un libro (muchos, la verdad, eran un desastre: algunos hasta sin tapas; otros tenían hojas rotas, sueltas,… todos muy manoseados ya; pero en clase, en la hora de Manuales, los reparamos todos, inventamos y creamos tapas nuevas para los libros que no las tenían; los forramos con papel de embalar (así salía muy barato); les pusimos un papelito pegado en el lomo con el nombre del niño o niña que había traído ese libro y la temática de dicho libro, la edad recomendada,… y luego aprovechando unas maderas que la carpintería del pueblo nos regaló el maestro nos enseñó a crear una estantería para libros (acabó el tiempo de escuela de aquel día y después de pedir permiso a nuestros padres nos quedamos allí un buen rato más hasta terminarlo: aquello era maravilloso, ¡íbamos a tener nuestra propia biblioteca!).

El cura del pueblo nos trajo biblias para niños y otras para jovencitos y mayores; el médico nos trajo revistas y algún libro de medicina que nadie entendía… pero ahí lo vino a traer; el alcalde nos dio dinero para comprar otros libros que fueran necesarios;…

Podíamos sacar los libros de la biblioteca y llevárnoslos a casa. Eso sí, debíamos devolverlos como más tardar al cabo de dos semanas. Nombramos a varios compañeros como “bibliotecarios” y ellos se encargaban de llevar control de esto y el maestro les ayudaba a hacerlo bien, muy bien.

Fue tan estupenda la idea que hasta los del pueblo de al lado se copiaron de nosotros e hicieron lo mismo porque sin apenas gastar dinero podíamos leer de todo y disfrutar mucho más que con lo que antes teníamos en casa: ahora es como si hubiésemos juntado todas las casas y las tuviéramos todas en la escuela. Una vez, incluso nos vinieron a ver los del pueblo de al lado con su maestra (ellos tenían maestra) y más tarde les devolvimos la visita. Fue estupendo juntarnos para compartir historias que habíamos conocido a través de los libros y también de cómo unos y otros habíamos conseguido montar nuestras respectivas bibliotecas: vimos que los del pueblo de al lado no eran tan ruines como pensábamos y que tenían gustos muy parecidos o iguales a los nuestros, los mismos juegos,… nos hicimos amigos y hasta nos escribíamos cartas;…
Todo gracias a aquel día de lluvia.

¿Y ustedes?. ¿Cómo es su biblioteca escolar?.
Santi Catalán

PARA AMPLIAR:
PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
  • ¿Qué conclusiones obtenemos de lo que el vídeo nos presenta?, ¿y del texto de esta entrada?.
  • ¿Cómo podríamos crear nuestra biblioteca de aula o mejorarla en todo lo posible?.
  • ¿Qué valores puede aportar y desarrollar en nosotros la biblioteca de aula?.
  • ¿Qué actividades podríamos desarrollar en nuestra escuela unitaria, nuestro colegio, instituto,... para fomentar todos los valores que puede aportar una biblioteca escolar o de aula?.

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