jueves, 7 de diciembre de 2017

Feliz Dia del Maestro



Día del estudiante y del maestro (7 de diciembre)

OBJETIVO DE LA JORNADA: Reconocer y valorar la labor de los maestros y maestras, docentes en general, y de modo especial aquéllos que llevan ya muchos años en la profesión o ya se jubilaron; valorar de igual modo la labor de los estudiantes quienes con sus estudios y buena preparación contribuyen a la construcción de un futuro mejor para sí mismos y para el mundo.
CRÓNICA DE UNA JORNADA "NORMAL".

Son las 8’30 de la mañana, suena la horripilante sirena con estruendo dando a entender que “empieza la jornada escolar para el alumnado” que corre veloz desde la puerta de entrada del colegio hasta el punto en que, por cursos, se agrupan para ir a sus respectivas aulas.
Cada profesor o tutor acompaña a su grupo hasta el aula dando los buenos días a cada alumno/a hasta que ya por fin, a los 6 ó 7 minutos desde que sonó la sirena están ya todos dentro del citado espacio. Aunque no todos: siempre hay rezagados: unos llegan tarde “porque la guagua se retrasó” y no pudieron llegar puntuales, otros “porque el desayuno en el colegio se demoró”, algunos más “porque en casa se dejaron dormir” y ya todo lo demás fueron prisas y agobios y, al final, retraso, impuntualidad. Es decir, hasta pasados unos buenos 15 ó 20 minutos no puede decirse que “se puede empezar la primera sesión en condiciones dignas (no hace falta mencionar que todos los niños y niñas al reencontrarse cada día tienen miles de historias que contarse y compartir…. y se hace complicado obligarles a guardar silencio ya dentro del aula para que se vayan centrando en el plan que el docente tiene ya preparado para esa sesión.
De los posibles 55 minutos (ó 45 minutos) que dura una sesión hay que restar siempre 15 minutos en esa primera sesión (y que no pase más nada, que no haya ningún corte más).

MÁS INTERRUPCIONES.

Estás dando la clase o desarrollando una actividad formativa con el grupo y de repente tocan a la puerta: son los repartidores del desayuno de media mañana para el alumnado cuyas familias no pueden –por razones económicas- garantizar eso para sus hijos cada día. Ya está, unos minutos sólo dura esto… pero hay que volver a captar y centrar la atención del grupo en las tareas que se estuvieran llevando a cabo.
Alguien llama al telefonillo del aula: un recado desde Secretaría (si estabas diciendo algo a toda la clase… callas de inmediato y corres a coger el telefonillo y mientras tanto el aula ha de permanecer inactiva para evitar ruidos que dificulten la audición).
Llega la profesora de “apoyo” a buscar a un par de niños para sacarlos del aula y ejercer con ellos su labor.
A la segunda sesión de cada día ya hay alumnos/as que solicitan ir al baño y el trasiego de entrar y salir uno y otro (todos a la vez no puede ser) es una constante distracción para todos.
Intentas proyectar algo en la pizarra digital pero por razones técnicas o de caída de la red… aquello no arranca. Has de salir del aula y buscar quien te dé la respuesta adecuada cuando no aciertas  en la manera de solucionarlo.

CONFLICTOS.

Sería muy raro el día en que no hubiera roces entre el alumnado. Conflictos que incluso vienen arrastrándose desde la calle y durante días; otras veces producidos durante el recreo y que obviamente hay que abordar aprovechando el sosiego que da la quietud y el tiempo para la reflexión. No se puede hacer esto de cualquier manera.
Cuando son conflictos que tienen una fuente concreta en un momento y lugar concretos es relativamente fácil deshilvanar y mostrar el camino para la reflexión y solución del problema pero cuando esos conflictos tienen su raíz profunda en otros que subyacen en la persona y que tienen que ver con otros conflictos que ni siquiera son del alumnado sino que arrancan desde la situación familiar de cada cual… entonces parece que todo es “dar palos al aire” y armarse de paciencia para que cuando la cosa vuelva a estallar, por otras pseudocausas, uno pueda mantener la calma y tener preparadas nuevas estrategias que vayan ayudando al alumnado a interiorizar la necesidad que tiene de que “los problemas subyacentes no arrasen con su fuerza de voluntad para controlar los impulsos de que ellos arrancan”.
Conflictos mil que no sólo requieren tiempo que se resta del que se dispone para todo el alumnado sino también merman la capacidad de concentración, el normal desarrollo de cualquier actividad, la motivación y… por supuesto el resultado final en lo que el sistema educativo tanto exige –como si fuese lo único importante-: el resultado final, las calificaciones, notas, producto,… o como lo quieran llamar.

PÉRDIDA DE AUTORIDAD.

¡Ah!, y cuidado con lo que el profesorado diga o haga… que basta con que un alumno o alumna diga en casa cualquier cosa que a efectos jurídicos la opinión del docente y nada es casi lo mismo. Como mínimo, ya quedará de por vida en entredicho y bajo sospecha.
El voto de ese profesor/a es sólo 1; el voto de la familia entera del alumno/a son unos cuantos más. Está muy claro a quién hay que darle la razón.
Hay profesores/as agredidos/as, incluso físicamente, ya no sólo insultados a diario, siendo objeto de burlas, de acusaciones falsas, ignorados en su autoridad dentro del aula.
Dicen que hay “libro de incidencias”, sí, lo hay, pero no pocos profesores/as argumentan que si tuvieran que echar mano de eso cada vez que hubiera incidencias que causan disrupción en el aula o quehacer educativo diario la mitad del tiempo se iría sólo en eso y aún así todo seguiría igual.
¿Agendas del alumnado?, aunque se manden “notitas para casa” o bien esas anotaciones no llegan a quien tienen que llegar o si llegan vienen con una firma que ni se sabe si es auténtica o no y que, por supuesto, no es garantía alguna de que la incidencia que la motivó tenga consecuencia alguna.
El alumnado que sistemáticamente es disruptivo en el aula sabe además que “no lo pueden expulsar del aula” (y si lo hicieran… se dedicaría a correr por los pasillos, esconderse donde sea, y si acaso finalmente acaba en el despacho de la Dirección del centro… total ¿qué le van a hacer?, ¡nada!, ya sabe que todo se queda en nada: bastará con pedir perdón, hacer un poco de paripé durante unos días,… y volver a las mismas cuando le venga en gana: se sabe de memoria hasta los términos con que se define su “trastorno” y las obligaciones que han de cumplir quienes trabajen con él… pero no las suyas propias).
BUROCRACIAS MIL.

Por no llamarlo BURROCRACIAS. Uno recuerda a sus maestros los cuales dedicaban su tiempo libre, fuera del horario escolar, aparte de cuidar de su familia, a buscar recursos para atender adecuadamente las necesidades del grupo de alumnos/as que tenía en su colegio y así facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje de aquellos alumnos o alumnas que tuvieran necesidad de mayor atención educativa.
¿Programaban?, claro que lo hacían. ¿Revisaban su programación?, también. ¿Atendían a la diversidad?, ¡naturalmente! que sí, por eso buscaban y fabricaban recursos diferentes para cada alumno/a según sus necesidades.
Pero nunca les vi con una enciclopedia de mil folios bajo el brazo donde dijera: “Programación de Aula del curso….”. Su programación era un marco de referencia, una guía orientativa, algo nada rígido sino algo referencial que servía para mantener la atención sobre los objetivos a conseguir.
Eran maestros que no terminaban su labor en el aula sino que prolongaban su interés por sus alumnos manteniendo un contacto cercano con sus respectivas familias: visitaban incluso los hogares de sus alumnos comentando con estos familiares el proceso que el niño o niña estaba siguiendo en el colegio. Esto servía además, para que estos maestros tuvieran una idea clara y muy concreta de cuál era el ambiente real en que se desenvolvía cada uno de sus pupilos: no les hacía falta leer informe alguno de nadie.
Y ahora… ahora hay programaciones para todo y de todo: anual, de aula, trimestral, mensual, por tareas, por situaciones de aprendizaje, por unidades didácticas, semanal,… adaptaciones curriculares, de áreas transversales,… y todo ha de estar por escrito hasta el más mínimo detalle.
Con el PROIDEAC en Canarias tenemos las “rúbricas” (una “rúbrica” siempre ha sido una “firma” ¿verdad?), pues bien, aquí a la escala de notas de Insuficiente a Sobresaliente (4, 5, 6, 7-8 y 9-10) se le llama también así y te dan de forma rígida qué ítems se han de cumplir para que a un alumno le puedas poner una nota u otra; dicen que así se consigue puntuar a cada alumno/a de forma “objetiva” a todos por igual; es decir, se evalúan los resultados “tipo” sin tener para nada en cuenta las realidades con que cada alumno se enfrenta a diario en todos los ámbitos de su vida con sus circunstancias personales, familiares o socioambientales; es algo completamente descontextualizado.
Estas programaciones además son al final tan voluminosas que si se imprimieran ocuparían sin exagerar más de 500 folios, sabiendo además, que al año siguiente por supuesto han de hacerse completamente nuevas ya no sólo porque cambie el grupo de alumnos/as del profesor/a sino porque salen nuevos decretos, nuevos términos “pedagógicos”, etc… y claro: lo anterior ya está mal, ya no vale en absoluto, … y todo ello viene marcado desde unas oficinas que ni saben lo que es la realidad del aula y las necesidades reales del alumnado; menos aún vale lo que los docentes que trabajan a diario en los centros educativos quieran plantear: no, lo suyo sí que no vale, no cuenta, son unos atrasados, inadaptados, obsoletos en sus métodos, incompetentes, no se actualizan, etc… y por eso Canarias está a la cola de España y España a la cola de Europa según el informe PISA de cada año. "Los maestros/as tienen la culpa de todo", parece gritar el sistema que dirige los tiempos actuales.
Los maestros y maestras saben que no es así, saben de sobras dónde están las raíces de tanto despropósito, de tanto daño como se está haciendo mirando para otro lado sin atajar las cuestiones de fondo:
  1. Hay que empezar por dar ESTABILIDAD a las familias y eso pasa por garantizar su derecho a un trabajo digno que les permita vivir también con dignidad. ¡Cuántas situaciones negativas tienen su raíz en la ausencia de un trabajo digno!; un trabajo que siempre es algo más que una remuneración: es estabilidad en el puesto de trabajo; es equilibrio de los tres tercios: trabajo, descanso, relaciones familiares; es desarrollar unas actividades estructuradas en el tiempo en las que la persona se siente útil, se realiza, se socializa, adquiere habilidades sociales, ayuda a organizar su vida,...
  2. Hay que favorecer la unidad en las familias de manera que padre y madre puedan vivir en armonía. Las separaciones y divorcios son una de las fuentes más desestructurantes de la mente de los niños/as; hacen falta programas que ayuden a las parejas a vivir su día a día como tales y como padres educadores de sus hijos.
  3. Hay que trabajar unidos, en perfecta coordinación FAMILIA-ESCUELA para que los criterios que se defienden y trabajan en cada uno de estos ámbitos sean compartidos y apoyados en el otro ámbito. No se puede ir cada uno por su lado cuando unos y otros trabajamos con las mismas personas.
PARA AMPLIAR:
  • ¿Qué piensas de la tarea de tus maestros y maestras?, ¿qué valores hallas en ellos?.
  • ¿Te dedicarás a la Enseñanza?, ¿por qué sí o por qué no?.
  • ¿Qué piensas del contenido de este artículo y de lo que ofrecen los enlaces "para ampliar"?.
  • ¿Cómo ayudarnos unos a otros -estudiantes y docentes- a llevar a cabo nuestros respectivos cometidos en el medio docente?.
  • ¿Por dónde empezar?, ¿cómo hacer en el día a día?.

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